Noches calientes de Nashville, Parte 1

Un aspirante a cantante de música country llega al
centro de Nashville en autoestop [sic], sin nada más
que una vieja guitarra colgada del hombro. Mira las
luces de neón de Lower Broadway, respira hondo el
aire con aroma a humo y cerveza, escucha el repiqueteo
de las botas en los locales atestados y se dice a sí mismo:
“lo he logrado”. Esto no es un club de country cualquiera,
esto es Nashville.
Alexis Averbuck y Emily Matchar
Lonely Planet, “Estados Unidos”

La mente se nos llena de imágenes cuando alguien menciona algún lugar famoso del planeta. Quién puede evitar imaginar grandes paisajes al escuchar las palabras Paris, Londres, Sydney… ¿Qué tal Tennessee? El Sur de los Estados Unidos talvez no evoque imágenes arquitectónicas, pero la mención de lugares como “Tennessee”, “Georgia” y “Alabama” acarrean consigo sus propias imágenes. Cuando las escuchamos pensamos en Elvis Presley y en Forrest Gump, en las Southern Belles “damas sureñas”, y en el Cinturón BíblicoGuerras civiles, Martin Luther King, los Duques de Hazzard… Pensamos en eso, y casi al mismo tiempo nos recordamos de la comida del Sur, mucha de ella conocida en todo el mundo. Pollo frito, pasteles de pecanas, barbacoas… El Lonely Planet, por ejemplo, traía una sección de “cómo garantizar una barbacoa con auténtico sabor sureño”. Nada mal, nada mal…

Finalmente, pensamos en la música: Rock ‘n roll, blues, jazz… (Es curioso pensar en estos estilos de música como folklore, pero esta realmente es la música folklórica del Sur de Estados Unidos)… Y por supuesto, pensamos en la música country, esa guapachosa concocción orgullosamente estadounidense. Nashville en particular es la capital de la música country en los Estados Unidos. Uno de sus apodos es el de “Ciudad Musical” (uno que supuestamente le dio la Reina Victoria de Inglaterra). Y eso era realmente lo único que conocía de la ciudad antes de ir. Como todo en la vida, lo aprendí de Los Simpsons: Una vez en una feria del pueblo había un grupo de gente bailando música country (mientras Homero comía chile con carne), y el personaje Cástulo Smithers le pidió a Marge Simpson que bailara con él. Para demostrar su habilidad a todos, Smithers lucía una vistosa chaqueta que tenía las palabras Noches calientes de Nashville en neón fosforescente.

Noches calientes de Nashville. El personaje "Smithers" y la serie "Los Simpsons" son propiedad de 20th Century Fox; todos los derechos reservados.

Hmm… muchas imágenes mentales. Pero, a todo esto, ¿qué estaba haciendo yo en Nashville? A los Fulbrighters de primer año nos invitan a un evento llamado Seminario de Enriquecimiento Fulbright, en el que conocemos a otros becados y participamos en seminarios, eventos culturales y actividades de voluntariado. A mí me avisaron en noviembre que iba a ir, y el 10 de febrero agarré el avión para allá. Es una actividad muy estimulante intelectualmente: Al seminario en Nashville llegaron becados de más de 70 países, cada uno de ellos con experiencias e historias interesantísimas que contar. Mis compinches más compinches fueron una ecuatoriana que escribe guiones en Hollywood (literalmente), una portuguesa que estudia neurobiología en Stanford, un español computín que trabajó para la Agencia Espacial Europea, un dominicano que estudia etnomusicología y está trabajando en la historia del merengue, y una indonesia de Papúa que hace psicología en zonas rurales. Como pueden ver, ¡sí había gente interesante! Durante los tres días que estuvimos ahí, discutimos cosas de conservación del medio ambiente, los retos de los Fulbrighters en cada país, y el rol de la educación en la disminución de las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera.

Pero volvamos a Nashville.

El lado académico estuvo bien (¡y sí aprendí cosas!), pero lo más emocionante para mí fueron las actividades culturales y la ciudad en sí. Como parte del programa, en la primera noche nos llevaron al Museo y Salón de la Fama de la Música Country, donde tuvimos la oportunidad de ver cosas como el Cadillac cubierto de oro de Elvis, carros de cantantes que tenían pistolas en lugar de manijas para abrir las puertas, y muchos, muchos pero muchos discos de oro y platino. (Sé que suena como un lugar un poco chafa, pero la verdad estuvo bonito. El museo recorría la historia de la música de ese país desde finales del siglo XIX, y luego pasaba por las diferentes etapas de la música del Sur durante la segunda mitad del siglo XX).

A la noche siguiente, un grupo de familias nos recibieron en sus casas para darnos una cena tradicional. (Eso lo organizó Fulbright junto con la Universidad de Vanderbilt). Una cosa de la que se enorgullece el sur es de la “hospital sureña“, y de la forma cordial en que tratan a los invitados, así que supongo que Fulbright quería que sintiéramos eso. Esta era nuestra oportunidad para ir más allá de la superficie de la ciudad. Yo y otros 6 Fulbrighters fuimos con un par de familias amigas, de tal manera que comimos la cena en una casa y luego el postre en otra casa. Las dos familias eran amigas porque las dos señoras eran “co-agüelas”: Las dos se habían hecho agüelas más o menos al mismo tiempo, y decidieron escribir juntas un libro de “rezos para que las agüelas recen con sus nietos”. La comida estuvo muy bien (no fue barbacoa; fue pollo con salsa), pero el postre en particular fue de otro mundo: crema batida fresca con bayas y frutishas [sic] del bosque.

La cena tuvo muchas chispas culturales interesantes: La familias se pusieron a preguntarnos que quién pensábamos nosotros que había sido la persona más importante de la historia [un tip: en esta parte del país la respuesta correcta normalmente es Jesús]. También hubo oportunidad para que ellos dijeran que no habían votado por el actual presidente de Estados Unidos, pero que aún así él era “el presidente” y que su cargo se respetaba. (Lo dijeron con toda sinceridad, pero las palabras se sintieron un poco como cuando Kent Brockman le reiteró su lealtad a “este país y a su presidente humano”). En general la noche estuvo muy bonita, y tuvimos bastante oportunidad para discutir cándida y sinceramente las diferencias entre nuestras culturas. ¿El resumen de la noche? Muy buena comida, gente muy respetuosa pero con puntos de vista muy arraigados, y una recepción muy cálida. Justo lo que el Sur nos había prometido. ¿El detalle más bonito de la noche? Que ellos realmente trataron de hacernos sentir bienvenidos, y hasta tenían un mapamundi en la pared, en donde querían que pusiéramos post-its con nuestros nombres a la par del país de dónde veníamos. Realmente intentaron hacernos sentir como en casa.

Actividades culturales: Museo de la Música Country y la visita a las familias

(Por cierto… se me perdió la cámara en Nashville. Meh… Todavía no sé bien cómo pasó, pero, por ahora, van a tener que disfrutar de mis artísticas fotografías hechas a mano y capturadas con el ojo de la mente).

La ciudad… ¡la ciudad! Además de “Ciudad Musical”, Nashville tiene otros sobrenombres, uno de los cuales es “la Atenas del Sur” debido a la gran cantidad de universidades que tiene la ciudad (42 a la fecha, según Wikipedia). De hecho, para hacerla parecerse aún más a Atenas, ¡hace cien años construyeron una réplica exacta del Partenón, con todo y una Pallas Atenea de 13 metros de alto! Y algo muy especial pasó durante toda la estadía: Yo nunca había podido tocar la nieve en mi vida, y en Nashville fue la primera vez que la toqué. (Antes la había visto desde aviones, o a la distancia, pero nunca la había tocado). Durante la semana anterior, una ola de frío había dejado un trillo blanco de varios miles de kilómetros, desde Texas hasta Virginia. No hice más que salir del aeropuerto y pude tocar la nieve, tan suave sobre los arbustos que hacía que un copo pareciera estar hecho de piedras.

Hechos extraordinarios en Nashville: Una réplica del Partenón, y una cubierta de nieve sobre la ciudad.

Por suerte, sí tengo un par de fotos digitales de la nieve.

Nieve en la ciudad de Nashville, Tennessee. Haga clic en la imagen para ver una versión más grande de la misma.

Y después de las actividades, era de noche y la ciudad nos invitaba a salir. Esta es la parte más importante de la historia. El clima podrá haber estado frío, pero ciertamente las noches de Nashville eran festivas y calientes. Había un lugar llamado Broadway, con varias cuadras llenas de bares y lugares de música, que durante las noches tenían música en vivo de todos los tipos. Desde rock y música alternativa de los 90s, hasta country, bluegrass y honky-tonky. Los Fulbrighters no somos para nada un grupo de intelectuales áridos, así que siempre agarrábamos y nos íbamos en grupo para conquistar la ciudad. Solo digámoslo así: Hubo toros mecánicos involucrados. (Yo duré 36 segundos… ¡no tan mal!) Me encantaron las noches de Nashville. Siempre había fiesta, siempre buena música tocada por jóvenes que querían hacerse un nombre en la escena del lugar… Clásicos de Johnny Cash, clásicos de Oasis… cosas folklóricas que ni siquiera sé qué eran. ¡Y Broadway nos quedaba cerca del hotel, así que podíamos ir a venir a las 3 a.m.! La verdad no me había divertido tanto en lugar de Estados Unidos desde hace muchos años. En la última noche rebotamos entre el club de blues de B.B. King, un bar con tema “Ruta 66“, un lugar donde todo el mundo llevaba jeans sin importar cuán jóvenes o viejos fueran, y un bar donde incluso hubo un pleito de puñetazos.

¡Mucha diversión!

Y eso nos devuelve adonde empezamos. Uno cree conocer cosas de una ciudad por lo que lee o por lo que ve en la televisión, pero no hay nada como ir al lugar y enterarse uno mismo. Esa es la parte más rica de los intercambios internacionales. Confieso que yo nunca hubiera ido a Nashville por mi cuenta; siendo la música el único atractivo turístico, yo probablemente hubiera dicho “paso” y hubiera elegido un lugar más grande o más cosmopolita. Pero no me arrepiento de haber visitado la que ahora es mi ciudad favorita de este país. Me encantó el viaje, conocí una parte nueva de este lugar, y la verdad me muero por regresar y aprender más de Tennessee y del resto del Sur.

Me quedan cosas que contar sobre el viaje a Nashville; ahí les iré incorporando al blog. Solo falta una pieza del rompecabeza: ¿Porqué esta entrada es la “parte 1”? Porque estoy tratando de conseguir fotos del viaje de mis compañeros. Apenas las tenga las pongo por aquí. ¡Pronto, pronto!

Esta entrada fue publicada en Rolando, Viaje. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Noches calientes de Nashville, Parte 1

  1. Tessy dijo:

    amé los dibujos!! son tan rolo n.n

  2. Andrea Milián dijo:

    Yo también amo esas foto-dibujos!! Deberías mantenerlos aunque encuentres la cámara jeje

  3. Joan dijo:

    Que dicha que ya conociste la nieve, no podía escapar de vos eternamente😛
    Un éxito rotundo los dibujos !!

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