With a little help from my friends / “Con una ayudita de mis amigos”

Por si no se la han recordado, esta es la canción: Joe Cocker – With a Little Help from my Friends. (Algunos se acordarán de ella por ser una canción que se interpretó incluso en Woodstock… Otros la recordarán por ser el tema de la serie de los noventas Los Años Maravillosos). Un clásico del siglo veinte.

(Y mientras escuchamos la canción…). La verdad es que adaptación a Tucsón ha sido mucho más difícil de lo que yo imaginaba. Pero extrañamente, una de las cosas que más me ha costado es la comida. Durante más de un mes nada de lo que comía me caía bien. Sigo sin entender qué será (sobretodo porque la comida estadounidense no es tan diferente a lo que comemos en CRC), pero el hecho es que, por más que lo he intentado, en ese respecto lo he pasado mal. Intentaba comer todo tipo de cosas, desde delicias exóticas como una chimichanga mexicana o un phở vietnamita, hasta clásicos de convalescencia como pollo hervido con zanahorias… todo daba igual. Como les dije, durante el primer mes, todo lo que comiera normalmente era una fiesta en mi boca, para luego convertirse en una patada a mi estómago.

La otra cosa que me ha costado es el menaje de la casa, en particular la vajilla. Los primeros días lo único que tenía era una ollita, un cuchillo, dos cucharas y una taza que me traje de la casa (mi tacita de Mind the Gap). Respóndanme ustedes, por favor: ¿Cómo hace uno para hacer una tortilla con queso con una ollita? (Créanme, hacerlo sin quemar la tortilla o quemarse uno es una labor compleja). Por dicha mucha, Adrianita (Molina) hizo una intervención de compañerismo Fulbright y me mandó platos, cuchillos, y muchas cosas útiles para la vida. ¡Ahora sí podía cocinar!

Vajilla de Rolando vrs. Vajilla de Adriana le mandó a Rolando. ¡Gracias! (शुक्रिया!!)

Aún cuando ya podía cocinar, pasé un tiempo resistiéndome a hacer comida; eso porque ni tenía muchos ingredientes en la alhacena, ni tenía muchas ganas de arriesgarme con el estómago. Durante unas dos semanas no comí más que sánguches de mortadela, cereal con leche y zanahorias… solo para descubrir que estaba comprando la leche equivocada (tenía más lactosa de la que aguanto) y que las zanahorias tenían químicos que no le hacían bien a mi sistema digestivo. Go, Rolo, go

La segunda ayuda que recibí fue de mi novia Ana Ligia. Ella, muy cariñosamente, me envió un par de revistas con recetas y me motivó a tratar de comer algo más que sánguches y pollo hervido. Había una receta en particular que me llamó mucho la atención: Risotto con setas (perdón por los iberismos; la revista era de España). Estando aburrido de comer sánguches, me decidí a hacer la inversión y tratar de sacar la receta…

Risotto 1: Ingredientes. (Puede hacer clic para hacer más grande la imagen. Sinceramente les recomiendo que lo hagan, porque la foto del hongo portobello está muy buena... me encantan los surcos que tiene). Btw... otra rifa: ¿Ven la foto izquierda? Se gana un pin la primera persona que diga cuál de esos ingredientes es propio de un "ama de casa moderna".

¡Pues yo nunca había hecho risotto! Aunque debo confesar que sí conozco el secreto de la comida italiana: A mí la comida italiana se me hace muy extraña porque, a diferencia de otras grandes tradiciones culinarias (como la mexicana, la tailandesa o la china), la comida italiana es doloramente simple. Si ustedes lo piensan bien, las recetas italianas casi nunca tienen más que unos pocos ingredientes. (¿Insalata Caprese? ¿Pizza Margherita? Hasta el relativamente complejo ossobuco se puede resumir en: Agarre huesos de ternera con mucha médula, “súdelos”, póngalos en salsa y espere a que estén bien cocidos). Lo que sí tiene la comida italiana es que todos los ingredientes están bien balanceados. Podrá[n] haber solo tres cosas en el plato, pero todas están en la medida justa. Ningún saber eclipsa al otro. Pues resulta que un risotto no es más que un poco de arroz hecho con vino y caldo de pollo… pero el secreto están en la manera de cuidarlo, de darle amor y de poner la medida correcta con todo… Sí, estuve dándole vuelta un montón de rato a ese chunche, esperando a que el vino se evaporar, para luego esperar a que el caldo se evaporara… ¡pero valió la pena! ¡La primera cosa rica que logré cocinar en esta casa! Y además pude ponerle esos pecaminosos hongos portobello… Oh, sí.

Risotto 2: ¡Resultado! Choncos de hongos, arrocito, una flor del "patio"... Solo calià.

Poco a poco he ido agarrando valentía, y de hecho hoy también intenté cocinar. Pero, ¿porqué justo hoy? Porque ayer, en el supermercado, se apareció ante mí una manifestación de la mismísima diosa Sabrosura… Vino hacia mí en un momento, y ya no pude quitarle los ojos de encima… ¡Había[n] mollejas! ¡Y solo costaban US$0,88! Yo estaba fascinado, porque ese corte de carne no es tan fácil de hacer, pero el sabor que se obtiene es incomparable. Así que, solo con US$2,38 (el precio de las mollejas y de un poco de caldo de pollo), me puse a hacer mi cena. De nuevo aquí me ayudó la Ligia, porque francamente yo no tenía experiencia cocinando esto. Cebollitas, ajo, sofreír, hervir… Al final, por dicha, quedó bastante bien. Un maravilloso recuerdo del “sabor de la casa”.

¡Mollejas y corazones! (Si hacen clic en la foto, podrán ver que lo que hay en la parte derecha de la cuchara es un pequeño corazoncito).

Sí’p… por dicha he recibido ayuda aún en este aspecto tan aparentemente obvio de la vida. Lentamente voy dejando los sánguches de mortadela y voy agarrando más confianza. Como todo aquí, es cuestión de ir poco a poco… pero gracias a la gente que me cuida, esa transición va avanzando día con día… De hecho, ya tengo un ingrediente para mi próximo experimento culinario… ¡Mamá Plúmik!

Salsa Mae Ploy (Mi familia la recordará como "Mamá Plúmik: Justo el sabor que Mamá Plúmik le daba a todas sus comidas"). Esta es una salsa tailandesa de chiles y vinagre y, aunque la conocí hace menos de dos años, ya es "uno de los más hermosos recuerdos de mi niñez". Solo digamos que es deliciosa y que mi cognición no siempre funciona muy bien. Mientras haya salsa tailandesa, mi cerebro no es lo que más me preocupa.

Y sí, me tengo que rasurar. Pronto. Yo sé…

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10 respuestas a With a little help from my friends / “Con una ayudita de mis amigos”

  1. Joan Saborío dijo:

    Minced garlic !!
    Es el ingrediente que toda ama de casa moderna debe tener en su cocina !!

  2. ¡Tin, tin, tin, tin, tin! ¡Una estrellita dorada y un pin para Joan Saborío!🙂 Ella adivinó correctamente que el “ajo majado” (no un ajo natural y saludable para majar uno mismo) es el ingrediente que a ninguna ama de casa moderna le debe faltar. ¡Felicidades!

  3. Tessy dijo:

    waaaa! raiosss de haber leido antes la entrada😦 jeje me antoje dmm d lo q sea q esta cocinandose en la ollita en la receta dl rissotto jajaja parecen cmo calamares. mas bien me extrañaba d rolo que siendo EL Iron Chef no hubiera experimentado aún en la cocina… y el mama plumickk! :O creo q eso te va a ayudar a recordar más el sabor del hogar😉

  4. Fobbo dijo:

    a) Que linda la molina en mandarte todas esas cosas!
    b) Meh, zanahorias transgenicas =(
    c) OH MI DIOS el tamaño de ese hongo!!!! Me lo como!!!! =P””
    d) MAMÁ PLUMICK! *__* Sólo faltaría la Mang-tomás para estar en el cielo de las salsas del sudeste asiático (que cielo tan específico, lo sé xD)

    • Mae, Fo… ¡me encanta tu concepto del “cielo de las salsas del sureste asiático”. Mae, faltan algunas salsas como balinesas, pero ya pronto llegaremos a ese hermoso cielo. Es como si el Monstruo de Espaghetti me hubiera bendecido con su apéndice macarrónico😉

  5. Andrea Milián dijo:

    jajaja Lolo, que madre que no leí antes yo tampoco, fijo el ajo en polvo!!
    Pero el hongo está super ganador, si no salía la comida al menos te lo fumabas no? jejej bromas. Te voy a enviar mis recetarios de postres para que complementes tus deliciosas cenas con un toque dulce😉

  6. Pingback: “… en donde yo viva…” | Puentes y cielos y todo lo que haya en el medio

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